Cuatro años de estudio dan para mucho. En cuatro años puedes hacer de un muchacho entusiasta un profesional. Puedes llevarle por un camino formativo bien pensado, en el que cada etapa aporte nuevos conocimientos y perspectivas, puedes mostrarle las tribulaciones del desempeño de la profesión en la vida real, puedes facilitarle la compañía y guía de profesores expertos, puedes encargarle tareas instructivas… o puedes hacer todo lo contrario.
Durante cinco años (uno de ellos de intercambio en la Université Saint-Joseph de Beirut) estudié la ya extinta Licenciatura en Traducción e Interpretación en la Universidad Autónoma de Madrid (en adelante “TeI”, para abreviar). Antes de hacer revisión de estos años universitarios quise dejar pasar un tiempo para apaciguar mis ánimos, pues las vejaciones que sufrimos durante el último curso me dejaron con la hiel en los labios. Ahora, en la calma de las vacaciones y con una indignación menos furibunda puedo lanzar un consejo: si quieres estudiar Traducción e Interpretación en la UAM… piénsatelo dos veces.
Vaya por delante que discrepo con mis compañeros más alarmistas que hablan de años tirados a la basura, de no haber aprendido nada en absoluto y de acabar limpiando váteres. Yo sí he aprendido muchísimo durante estos años sobre traducción, interpretación y artes afines, aparte de lo que he crecido a nivel personal-vital. A día de hoy sí siento que me puedo dedicar a la traducción, y que si no hubiera pasado por la universidad no podría afirmar lo mismo. ¿De qué me quejo, entonces? De que la mayoría de lo que he aprendido a sido a pesar de la universidad.
TeI (que ya no es licenciatura sino grado, y que Dios les pille confesados) está muy mal gestionada en la UAM. Con una de las notas de corte más altas y una prueba de acceso que no cualquiera supera, la cantera de alumnos es mármol de Carrara. Por ello es inexplicable que se les vapulee, ningunee y se les trate como tontos.
Lo primero que se encuentra el inocente recién llegado es que no existe un departamento de Traducción e Interpretación ni nada que se le parezca. El profesorado de TeI está formado por retazos de Filología Inglesa, Filología Francesa, Estudios Árabes e Islámicos, Lingüística y Literatura Comparada. Si algo te indigna, si tienes ideas para mejorar la carrera, ¿a quién elevas tus quejas? Búscate la vida, amigo, y no te sorprendas de que la pelota pase de un despacho a otro hasta desinflarse.
Consecuencia directa de esto es que encontrar un profesor que haya ejercido la traducción, aunque fuera en la intimidad, es la excepción. La mayoría de los profesores son filólogos a los que les ha tocado echar horas en nuestra carrera y de traducir no saben o lo saben a través de libros. Esto provoca que salgamos sin saber absolutamente nada de a qué se parece traducir en el mundo real: nada de tarifas, facturación, búsqueda de clientes, etc. Los que escogimos como lengua B inglés tuvimos la suerte de coincidir con una profesora que (bendita seas) era traductora profesional y nos puso al día sobre todos estos temas. Esto ya en 4º. El que quiera saber algo sobre la vida real que busque por los blogs, porque la universidad se resiste a formar profesionales.
No son traductores los que dan las clases, y no fueron traductores los que hicieron los programas. Hay mucha teoría y poca práctica, se traducen muy poquitos textos a lo largo de la carrera. Se dedican muchas horas a asignaturas que, bien encauzadas, serían de gran utilidad, pero cuyos programas no están pensados para formar traductores.
Especialmente dolorosas son las asignaturas de lenguas. Las asignaturas de lengua A (español) son un cursillo exprés de filología. No digo que estén de más esos conocimientos, pero podrían alternarse con herramientas más útiles para el traductor: expresión, corrección y habilidades por el estilo. Las asignaturas de lengua B (hablo de inglés porque es el caso que conozco, pero sé de buena tinta que en francés la dignidad tampoco se estila) son una humillación. Jamás me había pasado sentir que estoy perdiendo competencias en un idioma, notar que desaprendo de manera activa y tener que contrarrestar estudiando en casa a mi manera. Los programas de Lengua B son un manual de saberes inútiles: lengua BI, análisis morfológico, aprende conceptos tan prácticos como “alomorfo”; Lengua BII, la honrosa excepción, una profesora que sí se preparó las clases con conocimientos útiles (gracias, de corazón): binomios, colocaciones, lenguaje periodístico, etc.; Lengua BIII, competencia oral y auditiva, pásate el curso leyendo en alto una obra de teatro; y Lengua BIV, contempla atónito que sabes más inglés que tu profesora.
Suerte que me dio el ramalazo de elegir árabe como lengua C, que es, junto con las amistades, lo más bonito que me he llevado a casa de la universidad. Cierto es que el enfoque docente estaba un poco “chapado a la antigua”: se daba mucho peso a la gramática y poco a la comprensión y expresión oral, y ese acercamiento tan árido a veces hizo mella en algunos alumnos que desistieron de seguir. Sin embargo, esas bases tan firmes de gramática son las que más tarde me permitieron evolucionar a velocidad de vértigo cuando me apunté a academias y, sobre todo, cuando estudié en Beirut. Eso, y el enorme cariño con que una de nuestras profesoras nos transmitió la lengua y su visión de la traducción hacen que no tenga queja alguna, peroesa profesora está en camino de abandonar la UAM y los métodos docentes me consta que han cambiado… ¿a mejor? Ya veremos qué opinan los alumnos de grado.
Muchos alumnos, especialmente aquellos cuya combinación de idiomas es español, inglés y francés (por aquello de que son poco “competitivos”), al licenciarse se tiran de los pelos. Con lo poco y mal que se enseñan las lenguas y la escasa vocación que hay entre el profesorado, el que no se lo haya currado mucho por su cuenta o haya estado en el extranjero o lo haya tenido muy claro desde el principio y se haya esforzado en consecuencia sale con una sensación de desamparo inconsolable: ¿Podré dedicarme a la traducción? O peor aún: ¿Me gustaría dedicarme a la traducción? Al no conocer traductores “reales” los alumnos no tienen un modelo con el que compararse y con el que puedan decidir si es eso a lo que aspiran o no.
De la enseñanza de interpretación me gustaría hablar, pero no puedo. Cuando me tocó cursar Interpretación Consecutiva vinieron cual mesías unos intérpretes de la ONU que interpretarían de lujo, pero no daban un palo al agua. Redujeron las horas docentes a la mitad y se las repartieron entre los cuatro. Aprendí interpretación y toma de notas, sí, pero aprendí más de vanidad y apariencias. Al año siguiente les largaron. Interpretación Simultánea se ofrecía optativa, pero preferí elegir otra. No sé exactamente cuántas cabinas hay, pero desde luego son insuficientes para el número de alumnos que puede escoger la asignatura, que es ilimitado, y por muchos alumnos que haya no se amplían los horarios ni el personal docente. Así pasó: durante el curso hubo 3 alumos por cabina. Visualizadlo: 3 alumnos por cabina. A la vez. Sobran los comentarios.
Las nuevas tecnologías brillan por su ausencia en la UAM, en parte por falta de medios, en parte porque pocos profesores hacen uso de ellas. ¿Herramientas TAO? Lo siento, chino no ofertamos. ¡Ah! ¿Te refieres a eso que es como Trados? Hay una profe que creo que sabe algo… Mira, ponte en estos ordenadores, que ahí tenemos Déjà Vu. No lo hemos comprado, pero bueno, nos apañamos con la versión de prueba.
¿¿¿Traerte el ordenador al examen??? ¡Jesús, María y José! ¿Por quién me tomas? ¿Qué quieres, copiar en mi cara? ¿Te crees que no sé que sabes que voy a poner el mismo examen del año pasado, que ya está colgado en internet? Papel y boli y vas que chutas, y si quieres diccionarios te gastas las perras en los de verdad y te los traes a clase. ¿Que no tienes dinero? ¿Que ya te han salido tres hernias desde que empezaste la carrera? A mí no me vengas con historias, haberte hecho un FP.
¿Nuevas tecnologías, dije? Perdón, me refería a la tecnología a secas.
Por no hablar de lo que me temo que es la moda de esta década entre los profesores, desde primaria hasta superior: dejar que los alumnos preparen la clase por ti. Este colmo de la vaguería siempre me ha sacado de mis casillas. ¿Tienes la conciencia tranquila dejando que gente que está esperando que TÚ enseñes investigue en unas semanas sobre temas en los que se supone que TÚ eres experto y lo suelten al resto de gente que está esperando que TÚ enseñes sin apenas comentar? Gente sin gracia recitando Wikipedia a gente aburrida que no puede tener la certeza de que lo que les dicen es correcto, pues quien se supone que sabe no abre la boca. Y se vende como el no va más de la enseñanza. ¡Bravo por el cinismo!
Todos estos factores, que aparecían al azar aquí y allí, en el último curso se fusionarion en una sola figura casi épica, el máximo exponente de la inoperancia y de todo lo que en la carrera había azuzado nuestra indignación: el profesor de Traducción Jurídica. No me quiero detener mucho en este señor, que daría mucho que hablar y nada bueno, pues no forma parte de la universidad, sino que fue escogido a dedo. Solo quiero dar un ejemplo del poquito respeto que se nos tiene: a falta de dos semanas de empezar las clases los profesores que se iban a encargar de la Traducción Jurídica y una Traducción Económica abandonaron el barco (nunca se nos dieron razones) y se trajo precipitadamente a un profesor de escuela de idiomas que nunca había traducido, no sabía hacer juradas y escribía en un deficiente español. Este profesor fue aprendiendo sobre la marcha conceptos que nosotros teníamos que corregirle, pues las circunstancias nos obligaban a estudiar el tema por nuestra cuenta; y nos obligaba a hacer presentaciones que, aunque hubiera querido, no habría podido corregir, pues no tenía ni idea.
Jamás se nos pidió disculpas por este defectuoso parche, y nuestras reclamaciones, súplicas y quejas (que fueron bastante ruidosas) no fueron escuchadas. Para colmo de estulticia este profesor se ofreció para dar clases también de Traducción Económica en el segundo cuatrimestre, decisión que no solo no fue cuestionada, sino que fue aplaudida por los otros profesores. En contraste con los mismos métodos de improvisación que empleó con la Traducción Jurídica, otras profesoras de Traducción Económica ese cuatrimestre SÍ eran traductoras, SÍ sabían de lo que hablaban, SÍ se preparaban las clases y no daban crédito a lo que relatábamos.
Este es, grosso modo, el panorama al que se enfrenta el estudiante de TeI en la UAM, para que el nuevo alumno esté sobre aviso y el viejo se indigne conmigo. Sin embargo, no me arrepiento nada de haber estudiado TeI allí. Puedo decir que entre tanta infamia he sido feliz. He aprendido mucho, gracias a la universidad y a pesar de ella. He aprendido a aprender por mi cuenta. He descubierto el árabe, que se ha convertido en mi pasión y mi rumbo. Me he formado una barbaridad con los profesores (y sobre todo profesoras) que de verdad sabían y de verdad querían compartirlo (sí, los hay, y son una joya). He conocido a mis mejores amigos, he adquirido multitud de puntos de vista, he viajado, besado, bebido, vivido… Y ¡qué demonios! ¡Han sido los mejores años de mi vida!
Pero hay mucho que mejorar en TeI en la UAM. No quiero disuadir a nadie, pero como las cosas sigan yendo a peor el grado de TeI va a convertirse en algo a lo que será mejor no acercarse para no ensuciarse.
Hola Tony, quería comentarte que yo quiero estudiar TEL en la Autónoma de Madrid pero la verdad que con tu escrito, ya no sé que pensar. Me gustaría saber si sabes si algo de lo que cuentas ha cambiado -que ojalá- y si sabes como son los exámenes específicos de la prueba que hay que pasar para acceder al grado.
Muchas gracias.
Hola, Belinda:
No tengo contacto con estudiantes del grado de TeI en la Autónoma, así que no te puedo decir. En cambio, he conocido a licenciados de diferentes universidades españolas y parece ser que mis quejas no son exclusivas de la Autónoma, sino que tiene pinta de ser algo general: la universidad española no da la talla. Todos los casos eran similares, hay profesores y profesoras excepcionales, pero la desorganización general es lamentable. Sin embargo, como digo en el post, se acaba aprendiendo, sobre todo si estás dispuesta a poner de tu parte y no dejarte llevar por la desidia.
Mucho ánimo.
Tony, te felicito por lo bien que has diseccionado los intestinos de TeI en la UAM. Lo has descrito como es, sin pelos en la lengua. Ojalá sirviera para que cambiaran las cosas…
Buenísimo resumen de lo que ha sido la licenciatura en la UAM; lo comparto.
Tuve la suerte de hacer interpretación con los profes nuevos y, en este caso, reconozco que se ha hecho bastante por el bien de los alumnos.
Las cabinas son pocas y en tercero tocábamos a la mitad de horas por semana, pero en la optativa de simultánea fue la profesora la que dio el doble de horas lectivas, de manera que todos manteníamos nuestras 3 horas semanales. Los dos profesores de simultánea son intérpretes profesionales y tienen vocación para la enseñanza.La pena es que, después de dos años de formación deficiente en lengua inglesa, la comprensión oral siga siendo una dificultad extra para bastantes alumnos que, de haberse formado mejor, podrían ser buenos intérpretes.
¡Gracias por complementar, Lucía!
Me alegro de que la enseñanza de interpretación mejore, de que los profesores sean decentes y de que se solucione el problema de la masificación en cabinas.
Un beso, compañera de penurias, y gracias por compartir tu experiencia.